Duque y Petro: lo bueno, lo malo y lo feo de los vencedores en primera vuelta.

Iván Duque Márquez, 41 años, y Gustavo Francisco Petro Urrego, 58 años. Resultaron ser los vencedores en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en nuestra amada Colombia. Ambos representantes de los dos extremos sociopolíticos que se han enfrentado durante décadas en el país. Duque, aunque inscrito por el partido político Centro Democrático, es bien sabido que representa a la derecha colombiana. Esa que se jacta de ser tradicional. De valores y principios derechos. Y a la que no le da vergüenza alguna, mezclar la religión con la política, de la manera más descarada.

Petro, por otro lado. Representa a la izquierda. Esa que durante años ha intentado gobernar el país, pero a la que, en muchas ocasiones, salvando algunas excepciones, le ha faltado ‘el centavo para el peso’. La misma que, sus detractores, tachan de populista, violenta, incendiaria y de estar llena de vagos.

La imagen que ambos dan, representa perfectamente su ‘lado político’. Mientras Iván Duque muestra una imagen llena de confianza, superioridad, serenidad e inteligencia (que se puede poner en duda, después de enterarnos de sus falsos estudios en Harvard). Gustavo Petro, representa perfectamente al político de izquierda; Apasionado, incendiario, desafiante y poco sereno. Los dos tienen aspectos a favor y en contra. Y ahora que se enfrentan por ser  ‘Colombia’s Next President’, así, como un reality. Es pertinente repasar tanto sus fortalezas, como sus debilidades.

Iván Duque, ‘el niño de papá’.

Lo bueno: Es una cara relativamente nueva. No ha estado lagarteando en la política durante años, como otros. (cof cof Vargas Lleras). Su juventud, de ser utilizada de forma adecuada, resultaría ser una gran ventaja y un gran cambio para el país. Si dentro de sus planes está darle voz a los jóvenes, a los estudiantes y a los niños, seguramente, se ganará a un sector de la sociedad, histororicamente ignorado y callado.

Lo malo: Su experiencia es mínima; No ha sido alcalde, ni gobernador de ninguna parte. Fue asesor para el Ministerio de Hacienda, durante la presidencia de Andrés Pastrana, uno de sus padrinos políticos de hoy. Y trabajó en el  Banco Interamericano de Desarrollo. Pero esta experiencia, comparada con la de su competencia, no le da gran peso. Su situación es muy parecida a la de muchos colombianos recién egresados de la universidad, a quienes, para optar por un trabajo, les piden más de cinco años de experiencia. ¿Si en las empresas rara vez contratan gente sin experiencia, por qué elegir un presidente, que claramente no la tiene?

Por otra parte, su campaña ha estado envuelta en escándalos y mentiras. Desde sus falsos postgrados en Harvard, hasta su horrible tinte de cabello. Sin ser presidente, ya nos mintió en la cara descaradamente. ¿Qué nos espera si gana?

Lo feo: Su padrino político. Todos sabemos. Sí, todos. Que de ser Duque el ganador el próximo 17 de junio, quien realmente va a gobernar, allá en la sombra, será Álvaro Uribe. Es inevitable, al ver a ‘Ivancito’, no compararlo con Uribe. La forma en como habla, su discurso. Sus ademanes y hasta la forma en como se viste lo delatan. Iván Duque es una copia joven (si ignoramos las canas falsas), del ex presidente.

Iván Duque y Álvaro Uribe

Y esto es feo porque, si bien Álvaro Uribe, para muchos es una especie de ‘mesías’, que levantó al país en sus 8 años de gobierno. Para otros, es la fiel imagen de un dictador. Que quiere perpetuarse en el poder, de cualquier forma. Incluso poniéndose detrás de algunos para manipularlos, mientras les habla al oído.

 

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Gustavo Petro, ‘el populista’.

Lo bueno: En su discurso, desde sus tiempos de senador, siempre están presentes las personas; la sociedad, los desprotegidos, los marginados. Su carisma hace que, desde la persona más humilde hasta el que más tiene y es inteligente, se pueda identificar con él. Esto quedó demostrado en las muchas plazas que llenó por completo en diferentes ciudades del país. Su lucha contra la crueldad animal (fue quien logró acabar con el toreo en Bogotá, aunque por poco tiempo). Su respeto por las diferencias sexuales y su compromiso con la educación, son sus cartas más fuertes dentro del plan de gobierno que quiere llevar a la Casa de Nariño.

Lo malo: Esa pasión y  actitud desafiante con la que habla en todos sus discursos, le ha dejado seguidores. Pero también detractores. Muchos colombianos, en especial los del sector industrial y empresarial, están espantados con las ideas ‘populistas’ de Petro. Haber sido parte del M19. Su cercanía con Hugo Chávez. Y la guerra jurada que tiene, desde hace varios años, con los conservadores y los uribistas. Representan una gran amenaza para sus aspiraciones presidenciales. Sus rivales se han encargado de meter miedo diciendo que su meta es ‘convertir a Colombia en una nueva Venezuela’. Lo que sea que eso signifique.

Lo feo: Petro da miedo. Muchos ven a Gustavo Petro como un enemigo. Como el villano de la película. Y en ciertos aspectos, lo es. Aunque no es el villano de todos, si de mucho sectores. Su campaña ha estado alejada de la iglesia. En un país en donde la religión lo es (casi) todo. También se alejó de los empresarios y los asustó con el cuento de la ‘expropiación’. Los medios de comunicación (RCN y Caracol), también lo ven como su enemigo. Y de llegar a la presidencia, seguramente, le harán la ‘vida cuadritos’, como diría una villana de telenovela mexicana.

Como ven, tanto Iván Duque, como Gustavo Petro, tienen cosas buenas, cosas malas y cosas nefastas. Ambos tienen las mismas posibilidades de ganar, ya que en Colombia, como especies de aves, son las formas de pensar. Solo queda esperar que otras cosas malas y feas salen de ambos candidatos, de aquí, hasta el 17 de junio. Cuando ‘Colombia’s Next President’ sea elegido.

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