Vallenato, narcotráfico y política; el cóctel nacional.

El más reciente escándalo político, se dio gracias a un vídeo que se compartió desde la cuenta de Twitter de Gustavo Petro. En donde, en una reunión entre Iván Duque y algunos cantantes de vallenato, entre ellos Poncho Zuleta. Estos aparecen cantando y al final, supuestamente, el cantante guajiro exclama con emoción, «viva la tierra paramilitar».

El vídeo resultó ser un montaje. Lo que le generó varias críticas a Petro de varios usuarios de dicha red social. Entre ellos, los periodistas Claudia Gurisatti y Juan Carlos Vélez, que no pierden oportunidad para tirarle a la yugular al candidato de izquierda. A Petro no le quedó de otra que disculparse por compartir el vídeo. Y, aunque el montaje fue de muy mal gusto. No hay que olvidar que, si hay dos cosas que van de la mano desde hace muchos años en el país, son precisamente, el vallenato y el delito. Sea paramilitarismo o narcotráfico.

 

Precisamente en otra ocasión, al mismo Poncho Zuleta se le escuchó gritar esa frase;  “Nojoda, viva la tierra paramilitar, vivan los paracos” en Astrea (Cesar) durante una presentación en el año 2004. Además, no es un secreto que el cantante vallenato es seguidor del uribismo. En varias ocasiones ha manifestado que su voto será por Duque para las elecciones de mayo.

Otro cantante vallenato, que no oculta su preferencia por Uribe es el famosísimo Silvestre Dangond. Quien ha sido protagonista de varios escándalos que involucran drogas, alcohol en exceso y narcotraficantes.

Vallenato y narcotráfico.

Hace unos años, salió a la luz que Dangond fue uno de los invitados al matrimonio de alias Fritanga. Fiesta en la que el narcotraficante fue capturado. Además, es bien sabido que en sus conciertos, Silvestre suele subir a cantar drogado y alcoholizado. Esto a sus fanáticos parece no molestarles. Tampoco el hecho de haber estado relacionado con Emilio Tapia, involucrado en el Carrusel de la Contratación. O que la imagen que presenta ante su público y los medios sea la de una persona agresiva, antipática y prepotente. Solo hay que ver la portada de su disco de 2013, ‘La Novena Batalla’. En la que aparece cargando una metralleta y con un traje que hace alusión al camuflado que usaban las AUC.

vallenato
La novena batalla, es el noveno álbum de estudio del cantante de vallenato Silvestre Dangond.

Los líos de faldas del narcotráfico, también se han mezclado con el vallenato. El cantante barranquillero Rafael Orozco, fue asesinado en 1992, por los sicarios de un narcotraficante. Debido a que el cantante estaba de ‘amoríos’ con la novia de este. Orozco recibió diez impactos de bala y las autoridades decidieron archivar el caso como ‘crimen pasional’.

Otro cantante vallenato, cuya hoja de vida está manchada con sangre, es Jorge Oñate. Quien fue acusado e investigado por el asesinato de su primo, Efraín Ovalle. Un poderoso político del César, que era reconocido porque, a todos los candidatos que apoyaba en el departamento, lograba hacer que ganaran. Las acusaciones apuntaban a Oñate. Ya que, la esposa de este, quería ser alcaldesa, pero no recibió el apoyo de Ovalle y perdió las elecciones. Los rumores decían que, Oñate se enojó tanto, que lo mandó a matar.

Las acusaciones de la fiscalía apuntaban a que todo se debía a una venganza política planeada por la familia Oñate. Pero el 26 de octubre de 2017, el cantante fue absuelto del caso.

Jorge Oñate. Vallenato

Pero sin duda, el ejemplo más grande de la mezcla entre el vallenato y el delito en el país, es Diomedes Diaz. Uno de los máximos representantes de este género musical; amado por muchos y odiado por unos cuantos. Los segundos no le perdonan su adicción a las drogas. Su alcoholismo innegable. Sus nexos con el paramilitarismo, se dice que, cuando estuvo huyendo de la justicia, fue el propio Jorge 40 quien lo ayudó a esconderse. Y por su puesto, su responsabilidad en el asesinato de Doris Adriana Niño.

Diomedes, también solía subir a los escenarios evidentemente alcoholizado y en varias ocasiones hasta drogado. Algunos dicen que incluso, durante sus presentaciones consumía cocaína frente al público asistente.

 

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¿Por qué ese nexo tan fuerte entre el vallenato y el delito?

Los grandes narcos de los 80’s y 90’s, aunque fueran enemigos entre si. Tenían algo en común; gustaban de las mujeres bellas y de las fiestas estrepitosas. Y si estas estaban amanecidas con buena música, de preferencia salsa (recordar el escándalo del Grupo Niche, que los llevó a aparecer en la lista Clinton). O con vallenato, mucho mejor. Estos delincuentes pagan muy bien a los artistas que tocaban en sus fiestas y los artistas, que viven de cantar y hacer música, no se negaban a trabajar para ellos. Algunos, queriendo pasar por inocentes, aseguraban que al momento de contratarlos, no sabían que el cliente era un narco.

Pero, ¿acaso no es sospechoso que te contraten para cantar en una fiesta organizada en una isla privada. Con cientos de mujeres jóvenes y bellas como acompañantes. Con ríos de alcohol y viejos barrigones metiendo perico cada 2 minutos?

En estos tiempos, aunque con menos frecuencia, estas alianzas se siguen dando. Y ahora, a la mezcla entre vallenato y narcotráfico, se les suma la política, para terminar creando un cóctel explosivo. Por eso no es raro ver a artistas como Jorge Celedón, Juancho De La Espriella y al mismo Silvestre Dangond. Exclamando su apoyo incondicional a algunos candidatos y políticos nacionales. Dejando a un lado sus escándalos y excesos (De La Espriella confesó haber sido alcohólico y drogadicto).

La próxima vez que se ‘enrumbe’ a punta de vallenato, puede que usted, también le esté haciendo apología al delito.

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