Ser periodista en Colombia (en la era digital) #DíaDelPeriodista

¿Cuándo le dicen la palabra ‘periodista’, quién es el primero que se le viene a la cabeza? A mí, Olga Behar. Una de las mejores periodistas y escritoras que ha dado Colombia. Fui su alumno, pupilo y hasta trabajé con ella. Si a usted se le vino a la cabeza, nombres como Daniel Samper, Claudia Gurisatti o Hassan Nassar. Usted, querido lector, sabe muy de buen periodismo.

No queda bien para un comunicador hablar mal o desprestigiar a sus colegas. El periodismo y la comunicación son profesiones tan sensibles y solitarias que todos deberíamos ser como una gran familia que se cuida entre sí. Pero como en todas las familias, están las ovejas negras.

Periodista Claudia Gurisatti
Claudia Gurisatti. Periodista y presentadora. Directora del canal NTN24.

En la academia nos enseñan que el periodista debe ser imparcial, buscar siempre la verdad y ante todo, estar de lado de las víctimas. En un país como Colombia, encontrar la verdad es tan difícil como encontrar el amor verdadero. Todos mienten (mentimos). Los padres le mienten a sus hijos. Los hijos a sus padres. El Gobierno miente. Los amigos mienten. Todos mienten. Así que para el periodista, decir la verdad, es algo complicado. Por que en la mayoría de los casos, mentir es más atractivo. Y en la era digital, se ganan más ‘likes’ con mentiras que con verdades.

Ser imparcial también es algo complicado. Más allá de la ética y la moral, tiene que ver con, de que lado de la historia estés. Hace 20 años, cuando la guerra era algo ‘casi exclusivo’ de los pueblos, veredas y del campo en general. Ser un periodista citadino era, por no decir más, algo sencillo.  Tenías claro quienes eran los malos. Donde estaba la guerra y cuál era la ‘verdad’. Ahora, que la guerra se ha trasladado a cada rincón del país y que los periodistas no solo son quienes cuentan las historias, sino que, muchas veces son también protagonistas. Es difícil ser imparcial. No sentir la tragedia como propia. Es complicado tomar distancia.

Gabriel García Márquez. Periodista.

Para quienes están frente a cámaras, es difícil disimular el descontento cuando están dando una noticia sobre una violación a un menor. Para quienes escriben, es duro no utilizar adjetivos enjuiciadores si se está hablando de corrupción. En resumen, ser imparcial es una ‘mierda’.

Estar siempre de lado de las víctimas también es complejo. Porque en un país como Colombia, todos somos víctimas. De una u otra forma. Es víctima quien recibe la bala. Pero también es víctima quien dispara. El primero porque su vida es cruelmente arrebatada. El segundo, porque fue condenado a arrebatar la vida de los demás, por no saber que hacer con la propia.

Es por eso que hoy, más que nunca, ser periodista es un ejercicio peligroso. No solo porque el periodista no está exento de ser una víctima más. Sino también porque ahora, mucho más que en el pasado, sus palabras pueden ser un arma tan letal y cruel como un revolver o una navaja.

¿Periodista o celebridad?

Los grandes periodistas colombianos (entiéndase grandes como exitosos, conocidos, influyentes), han encontrado en las redes sociales, en especial en Twitter, la plataforma perfecta para ejercer no solo de periodistas, sino también de jueces, víctimas, victimarios e inquisidores.

De los comentarios irónicos y mordaces de Daniel Samper, quien critica y opina de todo y todos, con mucho desparpajo, poca vergüenza y  nada de autocrítica. Hasta las polémicas de Vicky Dávila, quien se ha autoproclamado como la imagen del periodismo desafiante. Samper ha sabido llegar a los millenials con su contenido en Youtube. Haciendo lo que todos los demás youtubers hacen, pero con un título de periodista colgado a sus espaldas.

Otros periodistas como Gustavo Rugeles, un verdadero antihéroe del periodismo, quien ha generado polémicas por sus investigaciones contra el gobierno de Santos y al mismo tiempo, ha sido protagonista de escándalos de violencia intrafamiliar. o Hassan Nassar, quien con tal de limpiar el nombre de su antigua casa laboral (RCN), era capas de insultar a cualquiera que lo desafiara en Twitter. Han puesto en tela de juicio la integridad del oficio. Pero también lo han humanizado.

Antes, se creía que los periodistas debían ser ‘inmaculados’, intocables; García Márquez, Yamid Amat, Jaime Garzón, Juan Gossain, entre otros de la vieja escuela, pusieron la vara muy alta. Y en estos tiempos, seguir con su integridad, es un trabajo por menos, desgastante. ¡Hasta Yamid Amat se ha visto envuelto en escándalos mediáticos! En la era digital nadie se ha salvado.

Cada tres días un periodista dice algo polémico en Twitter y se vuelve tendencia. Lo crucifican algunos. Lo enaltecen otros. Y la guerra mediática nos vuelve a todos mercenarios. Después, sucede algo tan chocante como el asesinato de una celebridad y todos nos unimos de nuevo, al menos digitalmente. Y a los tres días, vuelve a comenzar todo.

El periodismo de hoy, representa fielmente a la Colombia de hoy. Es caótico, explosivo, desafiante y tristemente, pasajero. Mañana, cuando Rugeles destape otro escándalo político, olvidaremos que es un maltratador. Y si Luis Carlos Vélez se va de La F.M a Noticias Uno, olvidaremos que fue un periodista sin ética a merced del gobierno de turno.

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Dam Mina

Comunicador social. Periodista. Realizador audiovisual. Escritor aficionado. Fanático #1 de Shakira y tío enamorado. ¡Por qué hacer las cosas mal si las puedes hacer bien!

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