‘Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo’. El Abogado del Diablo llega a su vigésimo aniversario.

El Abogado del Diablo (The Devil’s Advocate, 1997) llega a su vigésimo aniversario manteniendo la frescura y la originalidad. El film cuenta la historia de Kevin Lomax un joven abogado (Keanu Reeves), quién gracias a su gran capacidad de oratoria y su hábil manejo del conocimiento jurídico. Logra llamar la atención del jefe de un gran bufete de abogados en La Gran Manzana. Su meteórica carrera no cede ante ningún obstáculo, ni siquiera cuando se da cuenta que defiende a criminales confesos. El largometraje nos da una vista en primera fila del choque de trenes entre dos grandes del séptimo arte. Uno que se está convirtiendo en leyenda, y otro que es una leyenda viviente. Reeves ya se ganó su lugar en el Olimpo, personajes como John Constantine. Neo en Matrix o el asesino internacional John Wick son solo algunas de sus más memorables actuaciones.
Por otra parte Pacino es uno de los más grandes del cine: desde Frank Serpico, pasando por Michael Corleone, o el teniente Vincent Hanna en Heat (1995) Pacino ha cimentado una carrera de logros, premios y reconocimiento universal.

El Abogado del Diablo

La película El Abogado del Diablo es el clásico enfrentamiento del bien contra el mal. El personaje de Pacino, Satanás redivivo, quiere ganar el alma de Reeves, demostrarle a las fuerzas del bien que el mal anida en todos nosotros, y que hasta el más benigno y ético de los hombres, puede tornar su corazón en oscuridad, sí se le oprime en la tecla correcta. El film aborda permanentemente temas como el destino, el libre albedrío y el papel del mal en la naturaleza de los hombres.

Pacino literalmente se come la pantalla, no hay que buscar más, Alfredo James Pacino es definitivamente el diablo. Su actuación como el príncipe de las tinieblas es arrolladora, el bajísimo en su vertiente más mefistofélica. Permanentemente está poniendo en entredicho la moral y el pretendido discurso de bondad y humanidad que todos los seres humanos fingimos tener en nuestro ínterin. Nadie es bueno por el simple hecho de serlo. Todos tienen una motivación.

El final de El Abogado del Diablo, sobre Lucifer opinando de Dios, es de las mejores del cine. 

“Mira pero no toques, toca, pero no saborees, saborea, pero no tragues”, punto por punto el personaje de Pacino le muestra a su joven tutorado que él jamás juzgó al hombre. Y que siempre se consideró su más grande admirador.

Una escena que todos los que hayan visto el largometraje no olvidarán. Dado todo lo que el mundo pasó durante el siglo pasado, nadie pondría en duda la afirmación de un exaltado Satanás/Pacino. Cuando sostiene que nadie podría negar que el siglo XX le perteneció a él. Las películas al igual que los seres humanos, envejecen. Y para los que admiramos este film, da gusto ver que su temática y actuaciones aún siguen atrayendo entusiastas. Y que el dilema moral que plantea sigue siendo tan actual como hace 20 años.

El Abogado del Diablo

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Andres Vargas

Historiador profesional, educador, obsesionado por el cine y la literatura. No hay nada más hermoso que un film con trasfondo histórico y que esté basado en una obra literaria.

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