Churchill o el viejo león que se niega a morir. – ¡Excelente!

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3 de junio de 1944, en algún lugar de las afueras de Londres. Varios de los hombres más importantes del planeta, se reúnen para discutir los últimos detalles de la operación Overlord. 
Nombre clave para designar el desembarco de Normandía, operación que pondrá fin a la ocupación de Francia. Paso previo a la destrucción del poderío alemán en Europa occidental.

Dwight “Ike” Eisenhower, general norteamericano y comandante absoluto de las tropas aliadas en el teatro Europeo. “Monty” general británico puntal de la proyectada invasión. Su alteza imperial el rey Jorge VI, monarca inglés. Y Winston Churchill, el primer ministro de Inglaterra y máxima figura política presente. Todo está listo y dispuesto, los hombres listos, las armas municionadas y los aviones prestos a despegar. Pero Churchill no se decide, los recuerdos del desastre de Gallipoli, le persiguen.

Así inicia Churchill (2017), película inglesa que estelariza Brian Cox (The Bourne Identity, Rise of the Planet of the Apes). Consagrado actor inglés que hizo uso de su formación teatral para interpretar al más importante de los ingleses modernos. Su actuación es imperial, refleja en gran medida los arranques tanto de genialidad como de soberbia estupidez y de arrogancia Eton de alguien que se sabía a sí mismo como un protagonista de la Historia de la humanidad.

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Cox asume un papel que pocos actores podrían hacer con algo de credibilidad. Y en este excelente interprete escocés, tanto el profano como el especialista en Historia, sienten que se respeta al personaje. Otra cosa son los agujeros e imprecisiones en la trama. Que muestran a un Churchill desconfiado de sus aliados yanquis hasta rayar el antiamericanismo, lejos de la realidad.

El largometraje muestra los tres días previos al desembarco en Francia, y como el premier lucha con sus demonios del pasado. A la vez que se siente acorralado por su paulatino alejamiento de las cuestiones militares y políticas de la guerra. Churchill fue uno de los personajes más apasionantes del siglo XX. Siendo apenas un joven patricio, luchó en las guerras coloniales del imperio. Y en la primera guerra mundial se desempeñó como ministro de marina, ideando el desastre de Gallipoli. Una operación para sacar a los turcos de la guerra y aliviar el bloqueo de armas a Rusia. Al mismo tiempo que se buscaba estrangular a los imperios centrales.

Pero la mala planeación y la pérdida del efecto sorpresa, dieron al traste con el objetivo. Cerrándose además el resultado con 250,000 bajas británicas y casi 50,000 francesas. El recuerdo de las malogradas vidas de esos jóvenes le perseguiría toda su vida.

A la figura de Churchill durante la segunda guerra mundial, siempre se le asoció con un puro y un vaso de brandy

Para los militares y políticos de ambos lados del Atlántico, la figura de Churchill era obsoleta, anquilosada, sin duda era valiosa, pero para efectos ceremoniales, casi que simbólicos.

De los peores defectos que ostenta la humanidad, la ingratitud es quizá de los peores, y aquellos que veían en Winston un entrometido, un estorbo al cual había que enviar a un museo, olvidaban convenientemente que cuando Hitler había conquistado todo Europa y Rusia coqueteaba aliarse con los nazis, fue su sabiduría y pulso firme amen de su rapidez mental, lo que ayudó a sobrenadar el desastre en Francia e idear la operación Dinamo (Dunquerque). Sus discursos inspiradores, su enorme capacidad de trabajo y su persistencia en no negociar a pesar del violento blitz sobre Londres noche tras noche, machacando a la población civil por 8 largos meses, marcó la diferencia.

A punta de fuerza de voluntad, Churchill mantuvo vivo al imperio, volvió a la noche más oscura su más grande hora. Ofreciendo solo sangre sudor y lágrimas, Winston y el testarudo pueblo inglés se opusieron a la más grande y mortífera maquinaria bélica de la Historia de la humanidad, no es aventurado afirmar que tras la caída de Francia en el 40 y hasta que Japón atacó a los estadounidenses en Peal Harbor, el destino de la civilización occidental recayó sobre los hombros del primer ministro de Inglaterra.

4 años después y ante la inminente derrota de Alemania, sus logros ya no parecían ser tan importantes, –oh ingratitud– sus ideas, opiniones y experiencia ya no tenían valor, fue el líder para la guerra, pero no lo sería para la paz. Sí como él mismo lo dijo, nunca tantos le debieron tanto a tan pocos, hoy decimos nunca tantos le debimos tanto a una sola persona: Winston Churchill.

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Andres Vargas

Historiador profesional, educador, obsesionado por el cine y la literatura. No hay nada más hermoso que un film con trasfondo histórico y que esté basado en una obra literaria.

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