Clash, el nuevo film de Mohamed Diad es claustrofóbica y perturbadora

Clash es uno de esos raros largometrajes que se producen en medio oriente.

Clash es un film de Mohamed Diab, director egipcio que en esta ocasión nos transmite un poderoso y contundente mensaje. Su visión sobre los acontecimientos que llevaron a la caída del régimen de Mohamed Mursi. Primer mandatario electo democráticamente en la Historia de Egipto. Retrato brutal, pero honesto, de las protestas que llevaron a la caída del régimen en 2013.

Antes de empezar, un poco de contexto histórico. Un día de diciembre de 2010, la policía de Túnez, confiscó la mercancía y pertenencias de un vendedor de frutas.

Ante la injusticia de un país autoritario y represivo en el que las autoridades se negaban a atender su caso. Este compró una lata de gasolina y se prendió fuego, muriendo 3 semanas después. Su acción, despertó un clamor popular en todos los tunecinos que se echaron a la calle. Con tal fuerza que, tras 10 días de protesta, lograron hacer dimitir al corrupto presidente.

Su ejemplo cundió como el fuego por todos los países de mayoría árabe. L o que derivó en represiones violentas, guerras civiles y la salida de gobernantes autoritarios que se consideraban intocables hasta el momento.

Clash se centra en los esfuerzos de los manifestantes egipcios por expulsar del poder a Mohamed Mursi. Líder de la Hermandad Musulmana, partido ultra ortodoxo religioso. Mursi, se arrogó poderes que le hacían un dictador. Y tras expulsar a Mubarak en el 2011, líder que se había mantenido por 30 años en el poder. El pueblo egipcio no tuvo más alternativa que luchar por su libertad en las calles del Cairo. La película inicia pues, cuando la policía de Egipto encierra a un par de periodistas en un vagón policial. En adelante y cada tanto, el vagón se va nutriendo de más y más manifestantes de diferentes bandos, quienes van entrando al camión con sus ideologías y creencias, creando así una atmosfera de opresión, intolerancia y tensión claustrofóbica.

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Con el film Clash Mohamad Biad ha encontrado su consagración.

En Clash es notable el delicado trabajo de dirección de Biad; demuestra una destreza absoluta al poder direccionar toda la trama en un espacio de ocho metros cuadrados, el tamaño del furgón policial. Los personajes están bien construidos: el periodista Egipcio-Norteamericano que quiere mostrarle al mundo lo que pasa en su país, pero el cual llena de sospechas por su origen; la madre que se hace encerrar sólo por acompañar a su esposo e hijo; la pareja de amigos que representan el Egipto moderno. O aquel obeso miembro de la Hermandad, que usa un colador de pasta a modo de casco y pone el tinte de humor a la historia.

La trama discurre entre las discusiones de los contradictores ideológicos, los rigores del calor, la falta de agua y espacio para hacer sus necesidades. Y la angustia por saber el destino de los seres queridos.

Clash ha causado polémica en su país, debido a la forma en que refleja el Islam

Su maestría cinematográfica logra crear el microcosmos de una nación, en un espacio tan pequeño como un cuarto. Construyendo así una bella metáfora de un país condenado a entenderse o perecer. Los ultra religiosos, por un lado, que ven en la aplicación radical del Islam a todos los aspectos de la vida como la solución a la situación del país. Los demás, con distintas visiones y soluciones para esa tensa situación. Entre discusiones y conatos de peleas, va creándose un lazo. Lazo que les va haciendo caer en cuenta de que, como egipcios y árabes musulmanes, son más las cosas que les identifican que las que les separan.

Esta película ha tenido una gran acogida en festivales, siendo incluida en la muestra oficial del Festival de Cannes de 2016. Sus críticas han sido excelentes, pero en el interior de su país, muchos han denunciado el film. Considerándolo como una apología a la Hermandad Musulmana y se ha intentado boicotear su emisión.

La política y la religión son y serán temas que despiertan pasiones. Mucho más en países como los de mayoría musulmana, donde a menudo se entremezclan. La democracia, como la entiende Occidente, no cabe en países donde la Historia ha ido por otros caminos.

Mal hacen los países que pretenden exportar su modelo democrático, cual modelo de negocios. Clash muestra que, para el entendimiento de una sociedad, tan solo se necesita conocer la realidad del otro.

 

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Andres Vargas

Historiador profesional, educador, obsesionado por el cine y la literatura. No hay nada más hermoso que un film con trasfondo histórico y que esté basado en una obra literaria.

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