La época que la plaga del Comején llego a Cali.

Aquí leerás la crónica acerca del día que el comején llego a la antigua Cali y quien fue el protector de contra la plaga. 

Como les parece queridos lectores que iniciaba el Siglo XVIII en nuestra muy noble y leal Santiago de Cali, la cual era una muy pequeña aldea pueblerina que no superaba los 6.000 habitantes (Con decirle que con todos los Caleños de esa época no llenaríamos hoy el actual velódromo de Cali o las piscinas Panamericanas), donde la paz, la tranquilidad y la monotonía solo eran rotas cuando llegaban noticias de Bogotá o de Quito, ya que en Cali no pasaba nada, cuando de pronto se presentó en la ciudad un terrible flagelo.

Un diminuto bicho llamado “Comején”, desconocido hasta entonces por estas tierras y tal vez traído del viejo mundo en maderas o vigas de ultramar, comenzó a volver polvillo las entonces endebles estructuras de techos, puertas, ventanas, armarios y camas de nuestra antigua ciudad, lo cual produjo el consiguiente pánico y las lógicas rogativas al cielo para que terminase tan terrible mal, el cual fue visto casi como un castigo divino.

En vista de que la plaga del comején arreciaba cada día mas, nuestros queridos e ilustres antepasados de esa época, rezanderos, medio beatos y muy creyentes, de la mano de los frailes de las varias comunidades religiosas ya instaladas en la Sultana, decidieron establecer una nueva fiesta en Cali: la de San Francisco Javier, a quien se designó Abogado contra el comején y vino hacerle competencia a las fiestas de Santos ya consagrados como Santiago Apóstol, San Roque o Santa Isabel.

                                               

Para instituir en Cali la festividad del santo Español, hubo Cabildo abierto y se promulgo en solemne acta, donde se decretó el 3 de diciembre como día festivo en Cali en honor al santo abogado, y ordenó contemplase la realización de misas solemnes la víspera, que deberían incluir cánticos y procesiones por la Plaza Mayor (Hoy parque de Cayzedo) con los más altos protocolos y devocional conducta de todos los vecinos.

En el acta se decía entre otras que el santo era de todo el agrado de nuestro “Divino Señor” y que los “oídos celestiales de la Altísima Majestad” siempre estaba atentos para escuchar las “intercesiones de este maravilloso apóstol del Nuevo Mundo”, el cual seguro “aplacaría la justa indignación de Dios contra la ciudad de Santiago de Cali”.
Como la iglesia Catedral ya estaba ruinosa por culpa del comején, nuestro ilustres antepasados tomaron con especial empeño el reedificarla, con la ayuda de los miembros de la cofradía del Señor Sacramentado.

Inútil resulta agregar que San Francisco Javier, puso oídos sordos a las rogativas, fiestas y advocaciones de nuestros ingenuos tatarabuelos, pues la plaga del comején siguió tan campante y aumentando y no hubo residencia Caleña que se salvara de ella. Acabó no solo con casas completas, sino con finos muebles y enseres de las mejores maderas de la época; plaga que por muchas décadas acompañó a todos los habitantes del Cali Viejo y que para fortuna de nosotros los Caleños de hoy la tenemos casi controlada a punta de sustancias inmunizantes.
Y si usted querido lector, tiene algún mueble “comejeniado” en su casa no olvide prender veladora y comprar la estampita de San Francisco Javier …. quien quita que a usted este nuevo apóstol si le haga el milagrito.


Tomado de: Nostalgias de Santiago de Cali
(Basado en un artículo aparecido en el Magazine «Despertar Vallecaucano » N° 34 en 1977)